Nunca subestimes el poder del destino, porque cuando menos te lo esperas, el detalle más insignificante puede causar un efecto en cadena que cambie el rumbo de tu vida.
La vida, un viaje. Cada experiencia, un lugar visitado. Cargados con el equipaje de aquí para allá, batallando. Aprendiendo de cada paso. Un nuevo puerto, una nueva meta. Un vuelo con turbulencias, momentos de tensión. La estación, quizás un recuerdo o un olvido. Viajeros, los invencibles en el arte de vivir. La maleta, un sin fin de sentimientos. Viajar, vivir.
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