Historia de un 14 febrero.
Tal día como hoy se conocieron, un simple día para muchos,
un gran día para tantos. Ambos se vieron por primera vez en la misma calle,
ella caminaba con prisas y él la interrumpió con un casual choque que provocó
miradas desgarradoras, ella lo llamó imbécil mientras él la perseguía con la
mirada de arriba abajo sintiendo como se paralizaba el tiempo… ambos marcharon.
Al día siguiente él volvió a la misma calle con la esperanza de que volviera a
pasar, no se explicaba como aquella chica tan normal como original le había
impactado tanto, su larga melena morena, sus ojos marrones, su cintura, su
perfume, sus gestos, su forma de andar… le volvía loco, no la conocía pero para
él ya era especial. Nunca pensó que correría ese sentimiento repentino por sus
venas, además no creía en el amor a primera vista, para él era absurdo, pero
ese día, a esa hora, en ese sitio surgió el momento perfecto que algunos
llaman, él sintió amor por primera vez y jamás imaginó a lo que podía llegar
por ello, desde aquel día la estuvo buscando durante un año prácticamente, se
pasaba muchas tardes sentando esperando a que volviera a pasar; desapareció la
casualidad, pasó el tiempo y aunque él no la lograba olvidar decidió dejar de
buscarla, justo entonces, en ese momento apareció ella junto a sus amigas
riéndose como la que más, él no se lo pensó dos veces, alzó su mirada, la
alcanzó por detrás, le tapó los ojos con sus manos y ella preguntó
¿ quien eres
? y él sin más reparo contestó: soy el amor de tu vida.
Desde aquel día dejaron de ser unos desconocidos, ella
alucinaba como un chico como él la había estado buscando tanto, no encontraba
explicación que con tan solo una mirada y dos palabras mal cruzadas se hubiese
enamorado… Ambos se gustaban, los dos se querían, se amaban, sentían pasión el
uno por el otro, no se separaron nunca a pesar de cada pelea tan solo porque
tanto el uno como el otro sacaban lo mejor de ellos mismos, se hacían reír
hasta llorar, ella le abrazaba y él la respiraba, ella le besaba él le mordía
el labio, ambos coincidían en el cuello como debilidad y sentían como se les
erizaba la piel cuando se acariciaban…
Pasaron años y años, siempre juntos, y quizás no se les
recuerde en libros ni revistas, pero siempre quedará ese 14 de febrero en el
que el destino los cruzó por casualidad.

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