Pilotando mi corazón
De repente una sonrisa tonta se ha escapado, ¿Porqué? Os lo
voy a confesar. Él ha vuelto a pasar por mi mente, está viajando alrededor sin
ni si quiera aterrizar. Él me hace imaginar, a pesar de que cerca muy pocas
veces está, sigue pilotando en mi. Hoy nos vi en la playa, aquel dulce plan que
siempre quise hacer y mi insistencia nos llevó a la mejor noche del mundo.
Hicimos nuestra comida preferida, preparamos un poco de todo y salimos
dispuestos hacia la playa. Eran las ocho de la tarde, sentíamos ilusión porque
después de tanto tiempo separados, vernos era volver a sentir esos nervios,
esos que se siente al principio y esos silencios incómodos de no saber qué
decir.
Una mirada tras otras, el tiempo iba pasando y más cerca
estábamos. Al fondo se podía ver el mar azul, poco a poco se iba iluminando por
la más bonita de todas: la luna. Me intenté acercar a ti y busqué una excusa
para acariciarte, la expresión de tu rostro me decía que continuara y tú me
susurraste, mientras me dabas un beso en la mejilla: "No sabes lo que te
he echado de menos todo este tiempo" y como no puede ser otra cosa, mi
sonrisa es tu respuesta.
Por fin llegamos, la playa ante nosotros. Estaba desierta,
apenas las gaviotas se veían. Decido salir corriendo y retarte para ver quien
llega antes a la orilla, al principio me dices: "No seas niña" pero
en menos de 5 segundos ya habías salido corriendo, yo llevaba ventaja y fui la
primera en pisar la arena. De repente noto que me abrazas y perdemos el
equilibro. Dos personas abatidas en la arena recuperando su aliento. Decidimos
empezar a rodar, tu arriba, yo abajo, tu arriba y yo abajo. Un beso tras otro
no dejamos de abrazarnos.
Nuestros estómagos empezaron a rugir y montamos nuestro
picnic, el picnic más bonito que se ha visto en una película jamás. Compartimos
todo, lo mío fue tuyo y lo tuyo mío. Llegamos al postre, nuestro plato favorito
y por el que siempre peleamos para repartirnos el trozo más grande. Guardamos
todo y pusimos nuestras toallas una al lado de la otra y nos tumbamos a
observar las estrellas. Nos retamos por ver la primera estrella fugaz. No
dejaste ni un minuto de abrazarme ni yo de acariciarte. El sonido de las olas
hacía de aquel momento más especial todavía.
Un escalofrío sacudió mi piel y sin articular yo palabra,
noté como prestabas tu chaqueta encima de mí para que no pasara fío alguno.
Entre susurros y besos te di las gracias. Pasamos horas y horas en la playa, la
arena guardó nuestros secretos más sinceros y tapó todas nuestras huellas. Sentimos
magia y la magia nos hizo sentir.
Casualidad y destino unidos en un mismo camino y ese camino
es el nuestro, el que tú y yo forjamos cada día queriéndonos y respetándonos.
Poder volver a sentir nos hizo grandes a los dos. Ninguno de los dos pensamos
que juntos íbamos a temblar y que haríamos temblar al mundo, no imaginamos
sentir tan fuerte y tan dentro.
Aquella noche tomamos una decisión importante, tu decidiste
aterrizar en mi corazón y yo deje la pista abierta y rápidamente ya palpitaba
más fuerte. Soy capaz de confesarte que jamás me había sentido así antes, que
me gustas, que te quiero y que por favor, jamás nos falten momentos así, porque
juntos somos capaz de conquistar el mundo y estoy decidida a conquistarlo
agarrada de tu mano y con los ojos cerrados.

Comentarios
Publicar un comentario