Cambiar de aires.

Simplemente, a veces nos encontramos en un espacio explotado, es decir, en el que hemos hecho y dado lo máximo de nosotros. Donde hemos sido vencedores y vencidos, pero siempre hemos salido adelante. Cuando vivimos demasiado tiempo lo mismo, nos apetece cambiar. Cuando los pequeños detalles ya no resaltan porque están tan vistos, que ya no apasionan. Cuando las miradas son envidiosas. Cuando el que más te quiere, siempre prefiere lo mejor para él mismo y el resto no importa. Cuando pisas los mismos lugares, el mismo ambiente, la misma casualidad...

Y es que todos llegamos al punto de querer abandonar, de irnos lejos, solos, sin que nadie sepa nada de nosotros. Abandonamos lo nuestro por un tiempo. Un tiempo que sirve para mejorar, para volver con más fuerza. En el que te encuentras a ti mismo y empiezas a valorar. Y te das cuenta de otro tipo de detalles, tu mente se abre, tus ojos miran más allá y resulta que "donde siempre", sigues encontrando cosas por descubrir, que habías pasado por alto, ciertos aspectos irrelevantes, que sí son importantes. Ahora encuentras todo tipo de miradas y sabes quedarte con las de verdad. 

Aprendiste a apreciar lo inapreciable. Cambiaste tu respuesta ante las situaciones. Te juraste no volver a abandonar jamás. Te prometiste ser fuerte ante cualquier adversidad. Tú sonrisa cambió, ahora brillaba un poco más. Quizás supiste llegar a tu interior y tuviste la suerte de encontrar un poquito más de ti. Y después hiciste lo más valiente, volver a sacar ese "algo" a relucir. 

Nos da miedo cambiar, nos aterra poder vernos solos en medio de un montón de gente. Pero en el fondo todos somos "superhéroes" y encontrarnos a nosotros mismos nos da el poder de cambiar, ser mejores y sonreír más.   

Comentarios

Entradas populares de este blog