Decide Sonreír.

Después de una decepción, tardamos en recuperarnos. Nos cuesta volver a luchar con la misma actitud. Pero llega un momento en el tiempo, que lo conseguimos. Salimos adelante, ponemos buena cara y continuamos. Pero, después de todo, ¿Seguimos siendo los mismos?

La respuesta es no. Todo ha cambiado. No miramos a la vida con los mismos ojos. Nos prometemos y juramos no volver a pasar por el mismo camino y sobretodo esquivar las piedras antes de tropezar. No sentimos de la misma forma. Ya no confiamos con los ojos cerrados, ni tampoco besamos. Creemos más en nosotros mismos. Nos queremos como nunca, pero nos resulta difícil "querer", otra vez. Nos hemos aferrado al miedo, y ese temor se ha hecho fuerte, tanto que ha construido una muralla, la cual funciona como barrera en el corazón. El obstáculo es casi imposible de derrumbar. Quizás tambaleé de vez en cuando... 

Y el tambaleo se debe a ese alguien, que aparece sin avisar. De primeras, piensas que es como todos, uno más, que puede acabar en tu colección. La confianza es nula. Todos los piropos los tomas como mentiras. No crees en el cariño, sino en pasar el rato. Solo piensas en el momento, el resto no importa. Y sobre todo mantienes en tu mente la frase prohibida "Te quiero". Jamás, bajo cualquier circunstancia, la pronuncias. 

Pero... siempre llegan los peros. Sientes que echas de menos algo, quizás un mínimo gesto o detalle. Llega un día de lluvia y te acuerdas continuamente de ese alguien. Piensas en ese momento juntos en el parque, en el último beso que te dio, en vuestra última palabra, mirada, caricia... Y optas por dejarte llevar, sentir un poco. La muralla tambalea. Das el paso. Abres un capítulo nuevo dentro de tu historia, empiezas con ilusión. Quieres seguir averiguando, que más cosas puedes descubrir a su lado. Y escribes tu capítulo, pones pasión y amor. Siempre lo das todo, lo sabes. Y de repente: Punto y final. El capítulo apenas ha durado dos páginas, el miedo vuelve a correr en ti. La muralla se fortalece aún más. Y es que, es cierto que después de cada decepción, te levantas más fuerte.

Y, otra vez. Hemos vuelto al principio. El frío recubre el corazón. Activamos el modo iceberg hacia los demás. Pero bien sabemos, que el frío también quema. Pulsamos el botón STOP y rebobinamos como si de una cinta se tratara. Nos quedamos sin las ganas de sentir. Cerramos el capítulo e incluso acabamos por tirar el libro. 

Y vuelta a empezar. Al final el lema es "Tropieza y Levántate". Ese alguien será una experiencia más, un paso hacia el querer de verdad, que te hace aprender. Y quizás, lloremos y seamos los más sentimentales o puede que estemos sufriendo en silencio, que no sabemos lo que nos pasa ni el porqué. Pero tenemos que tener claro, que no vale la pena rendirse, que esto son elementos circunstanciales que la vida te presenta delante, pero eres tú quien decide. 

Mi mejor consejo: "Decide Sonreír" 



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