Huracán.
Hay historias que no creía jamás que podía llegar a vivir. Y esto es un poco de locos, diría que mucho, pero no importa. Cambié de opinión muchas veces, pensé las cosas por dos, miré el pasado, el futuro y por supuesto el presente. Ahí estás tu, una casualidad de la vida, dentro del vagón del tren, esperando a qué me suba contigo y te acompañe en el trayecto y soñando en qué no lo deje pasar, que acelere, que hay trenes que solo pasan una vez en la vida.
He decidido arriesgarme a sentir. Sin excusas ni pretextos. Porque si. He cambiado de opinión en muchas cosas y sinceramente, me va lo que me hace sonreír. A veces parece que nuestras sonrisas mantienen conversaciones distintas, que vayan por otra parte, mientras tu y yo nos miramos a los ojos, sin yo saber bien que decir. Me dejas sin palabras y sin argumentos. Me quedo un buen rato en silencio, mirándote y apreciando cada gesto, caricia, mirada, beso.
Aunque a veces quiero dejarte de oír, en el momento que me falta tu voz, siento vacío. Y te vuelvo a buscar, para que me hables un poquito más, a pesar de que la historia pueda estar repetida ya...
Hoy te marchas. Y sin dudarlo, dejas un vacío en mi adentro. Te pediría que te quedaras una y mil veces. Que me volvieras a abrazar... y es que no paro de pensar en la última vez que mis labios rocen los tuyos. Hay que ser valientes para intentarlo, se ha de luchar constantemente contra la adversidad. Y quien sabe, quien perderá o se rinda antes. Juguemos al juego de querernos. No te has ido y ya me gustaría volver a estar a tu lado.
Me dejas sintiendo, con ganas de más. Me siento feliz y un poco apenada a la vez. Huracán de sentimientos, pensamientos y emociones. Quizás sea la historia más absurda del mundo, que han elegido dos ignorantes de la vida, sin pensar bien. Pero es nuestra historia y la vamos a vivir. ¿Haremos lo imposible realidad?
Te quiero a 1.000 km.
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