Locura es enamorarse.

Locuras, ese tipo de cosas que sólo algunos se atreven a hacer. Hay miles de locuras, como saltar al vacío desde un avión, volar en globo, subir la montaña más alta y una vez allí, dar el grito más fuerte del mundo. Locura también es bailar bajo la lluvia, correr por la calle sin ningún sentido, cantar en el coche como si estuvieras en un concierto. Hay para quien las locuras son vivir al límite, acelerar en las curvas y tener que frenar de golpe. Viajar, coger el vuelo de última hora, no planificar nada y no dejar pasar el tren nunca. 

Hay muchas locuras, a veces meditadas y otras sin pensarlas. Pasan, suceden o eliges. Pero hay una que destaca demasiado, la locura máxima. De locos es enamorarse. Prestar tu corazón a otro, dar todo de ti a esa persona, tus risas sinceras, tus miradas más dulces, tus caricias... Tu amor. Y eso si es de locos, pero de locos de remate. Te enamoras y todo empieza a fluir diferente. Te dejas llevar, subes en la nube, esa que te lleva a tres metros sobre el cielo. Dices "Te amo" y enloqueces. 

Quizás sea la dramática máxima, pero he enloquecido demasiado.

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