EL JUEGO.

Un día sin más nos encontró la casualidad a la vuelta de la esquina. Todo empezó con un qué tal, qué es de tu vida, tan sencillo. En un  par de minutos nos pusimos prácticamente al día, que fácil. Después de un abrazo cada uno siguió su camino. Qué bonita casualidad pensé y madre mía que guapo está,  después de tanto tiempo. Casi se me olvida, nos dimos nuestro número de teléfono para organizar una de esas cenas de clase. 
Empieza el juego. La primera conversación, se alegraba mucho de haber tropezado conmigo y por supuesto mi contestación fue recíproca. Un par de días después, llegó el "Que tal, como lo llevas" y entre unas cosas y otras dimos lugar al juego de contar nuestros sentimientos, destapar un poco el corazón. Entre partida y partida las conversaciones llegaron a ser noche y día. 
Al mes, un primer corazón. ¡Vaya! Entre nervios decido obviarlo y continuar contestando, ya le enviaré yo uno otro día, pensé.  Caímos en la primera casilla, la del cariño. Quedamos un par de veces a tomar algo por ahí y cada momento me pareció tan auténtico y diferente, que era imposible no querer más. Las sonrisas ganaban el juego. Todo era tan de verdad, la sinceridad, la conexión, las miradas... 
Avanzamos, tres o cuatro meses jugando a conocernos sin ningún fin, simplemente saber de nosotros y pasarlo bien. No nos importaba nada porque con el simple hecho de poder estar a gusto con una persona nos sobraba. 
La partida continúa, pasan algunos meses más, nos descubrimos cada vez un poquito más adentro y de repente pasa.

Continuará... 
ETV


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